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WEB ACTUALIZADA EL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2005

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Amigos: Con gran emoción he aceptado la suerte de hacer un Pregón al Nazareno como comienzo de una semana de espiritualidad y conversión en nuestra Cuaresma Marraja.

Lo he preparado  con enorme ilusión. Ha sido un trabajo  donde se ha mezclado el estudio, la reflexión y el cariño que siento por nuestro Jesús.

Pregón de exaltación a Ntro. Padre Jesús Nazareno – como decía el cartel anunciador (título que me estremeció y me dio miedo, por si mis pobres palabras no tenían categoría suficiente para exaltar a nuestro Jesús) – pero que me animé recordando las palabras de San Pablo en su primera carta a los fieles de Corinto:

“Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. (lª Cor. 2, 1-5)

Me imagino al Nazareno soñador y peregrino, cercano y lejano a un tiempo, compasivo y orante, manso y obstinado, dulce y luchador. Dotado de la palabra hiriente de un profeta y capaz de enmudecer ante la frívola provocación de un rey vasallo. Mensajero y mensaje a la vez. A la vez cercanía y misterio.

Es un misterio, sí, pero no por oscuro, sino por deslumbrante. A lo largo de los siglos, millones de ojos han buscado sus huellas. Pertenecemos a una caravana de buscadores y seguidores. Nuestras manos y otras muchas se han tendido hacia El.

Pero,... permitidme que mi Pregón lo continúe dirigiéndome a Él y mi conversación con Él exprese mi canto y alabanza a su presencia en mi vida y sea el testimonio de ofrecerle mi deseo de seguirlo con todas las fuerzas de mi corazón.

Nazareno, tu sólo nombre es ya un desafío que a nadie puede dejar indiferente.

Cuántos hombres y mujeres se han esforzado por mantener viva la llama de tu recuerdo. Han atesorado cada uno de tus gestos. Y han tratado de repetir fielmente cada una de tus palabras, para que el viento del uso o del olvido no las borrase de su memoria cordial.

Muchos, algunos menos sin duda, han tratado de seguir tus pasos, reproduciendo en radicalidad y alegría tu talante, tu capacidad de acogida y hasta tu entrega.

Otros cuantos han tratado por todos los medios de perseguir, denigrar o aniquilar todo recuerdo que de tí pudiera quedar: en la piedra o en el verso, en el lienzo o en la canción, en las costumbres o en los códigos.

Algunos en fin, han pretendido ignorar tu paso por un tiempo y un lugar de nuestro mundo... Pero el mundo sin Tí no tiene explicación.

Me angustia y me desconcierta el saber que muchos no te conocen; que viven o han vivido como si no existieras; que no sienten o no han sentido nunca interés en saber algo de Ti

Perdona mi osadía, ¿ Por qué no te has dado a conocer más eficazmente? ¿ Por qué no escribistes  tú mismo un libro exponiendo claramente tu doctrina como lo hicieron los grandes maestros de la antigüedad?

Pero ¿ quien soy yo para darte lecciones?. Ya sé que enviastes a los profetas para anunciar tu venida... Juan Bautista habló de ti señalándote y diciendo que tú eras el Cordero de Dios que quitabas los pecados del mundo. Nos enviastes después a los apóstoles por el mundo entero para difundir la Buena Noticia de tu presencia entre nosotros. Realmente los hombres no tenemos derecho a ignorar quien eres tú.

Quién eres Tú, es la pregunta que nos asalta en el silencio de nuestra conciencia y en el ruido de la calle. Y tengo que reconocer que la respuesta está a nuestro alcance si no cerramos los ojos a la luz.

Tú, Nazareno, te has definido a tí mismo de muchas maneras. Y los Libros Sagrados también.

Tu dijistes de tí que eras:
- Manso y humilde de corazón (Mt, 11,29)
- Maestro y Señor (Jn, 13,13)
- Una misma cosa con Dios ( Jn, 10,30)
- El camino, la verdad y la vida ( Jn, 14,16)
- La resurrección y la vida ( Jn 11,25)
- El que vence al mundo ( Jn , 16,33)
- La luz del mundo (Jn, 8,12)
- El pan vivo (Jn, 6,51)
- El Buen Pastor (Jn, 10,14)
- Rey,  pero no de este mundo (Jn, 18,33)

Y si, a través del Evangelio de Juan, nos remontamos a las más altas regiones del espíritu, tenemos que decir con asombro, como en un nuevo y sublime Génesis, que desde el principio tú eres el Logos, el Verbo o la Palabra del Padre; que eres la razón de toda la Creación, pues eres aquel por quien todas las cosas fueron hechas y sin el que no se ha hecho nada de cuanto se ha hecho, ¡ que desde el principio estabas en Dios y que, como Verbo, eras Dios!

Ya sufriste la decepción de unos discípulos que te abandonaron por no ver cumplidas sus expectativas. En Getsemaní te adentrastes en la soledad del olvido, del abandono y hasta el fracaso. En la pasión padecistes toda la amargura del odio y de las frustraciones de quienes te maltrataban. Hasta en la cruz te robaron el sentido de tu muerte, como si buscaras el poder mundano.

Pero precisamente por eso demostrastes que valía la pena, que era necesario. Sabías que el hombre era frágil y  necesitado de comprensión:

- Veías la dureza de cargar con la historia desde la dignidad.
- Viste toda la hondura del sufrimiento humano hambriento de solidaridad.
- Viste a las muchedumbres  sobrecargadas y les ofrecistes consuelo; estaban desorientados y les abriste horizontes.
- No podemos dejar de agradecer tu fidelidad y celebrar tu acercamiento a nuestros hogares y a nuestra pobreza, a nuestras encrucijadas y enfrentamientos.

A través de la historia, muchos han sido felices porque trasformastes sus vidas y le regalastes esperanza:

- Muchos han entregado con generosidad sus mejores ilusiones en servicio a los demás y a la liberación de los oprimidos.

- Por ti ha habido mártires  por las causas más nobles, santos que han visto tu rostro en el dolor de los débiles, místicos que se han levantado sobre las limitaciones de nuestra contingencia, vírgenes que ha descubierto el amor que colmaba sus aspiraciones, misioneros que buscaban como hermanos a los lejanos y distintos,  seglares,  que han querido desde su trabajo, su familia o su compromiso con la sociedad, ser luz y sal apareciendo como testigos del evangelio y tratando de consagrar el mundo para Ti... esposos cristianos que han sabido vivir el amor en la pareja y en la familia al estilo tuyo convirtiendo su hogar en una iglesia doméstica y camino de santidad..., jóvenes que han sabido escuchar la voz de la verdadera libertad y han aceptado tu liderazgo para encontrar en Ti el modelo de la justicia, el amor y la paz...

¿Cómo podemos dejar de expresar el gozo de estas vidas que han sido una bendición para los demás?

Tú aportaste a la humanidad una novedad original que sería para todos manantial de felicidad. Le llamaste Reino de Dios. El Reino era para Ti:

- un modo distinto de contemplar la realidad,
- un estilo nuevo de comportamiento,
- la “ experiencia de una situación insospechada que permita ver a Dios como Padre y a todos los hombres como hermanos”.
- Hiciste ver que no había límites para el perdón o la acogida; que la causa del hombre era la causa de Dios; que eran privilegiados los más débiles simplemente por estar necesitados ( y que tú los querías entrañablemente.

Y esa Buena Nueva de tu Reino hizo saltar de gozo a todos los desheredados de este mundo, que, por primera vez y a lo divino, se sentían acogidos, queridos y valorados. Tu nos lo dijiste:

- los pobres son los primeros en mi Reino
- los tristes gozarán del consuelo de mi Padre
- los humildes tendrán la mejor de las herencias
- los hambrientos y sedientos de hacer la voluntad del Padre se sentirán llenos a rebosar.
- los misericordiosos experimentarán la ternura del Padre Bueno.
- los de corazón y ojos limpios contemplarán a Dios siempre a su lado.
- los pacíficos recibirán de Dios mismo semillas de paz
- los perseguidos por ser fieles al Reino y a mí conoceran un Reino sin cepos ni cadenas, en el que todos serán reyes, porque tu  has abierto en él una puerta a sus esperanzas, a la alegría y al amor.

Perdóname, Jesús, no sabes la enorme alegría que siento y qué feliz soy al saber que, junto a ser Dios, seas también hombre. Y que, junto a que seas eternidad, seas también tiempo.

Cómo gozo al rezarte en mi oración de Laudes ese Himno precioso que recuerda: “ Así te necesito de carne y hueso”. Sí, Señor, así te necesito yo. “ Que maravilla tu Encarnación”. “ Encarnación que es todo el Universo" ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada, hizo carne su verbo! Así tangible, humano, cercano. Gracias una y mil veces porque eres Dios y porque eres hombre. Quiero sentir tus manos en mis ojos ciegos; quiero comer tu cuerpo y beber tu sangre; quiero decirte, una vez más como hago en mis rezos, que es una ¡ dulce locura de misericordia, los dos de carne y hueso.!

Cuando pienso en tu vida tengo que reconocer que en todas las cosas tuviste gran acierto pero hay dos por las que quiero felicitarte entrañablemente. La primera por buscarte una madre tan maravillosa. No pudo salir mejor la apuesta. Volcastes sobre ella la plenitud de tu gracia. Elegida para madre tuya, tú la quisiste también madre nuestra. Creo que entenderás Cristo hermano nuestro, que te repita el piropo que escuchastes un día allá en Galilea: “ Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”.

 La segunda razón por la que quiero felicitarte es por querer que brote la Iglesia de tu costado. ¡ Qué aventura Señor! ¡ Pero valía la pena!. A pesar de sus tantos lunares, yo la siento:

. como cuerpo tuyo alargado en el tiempo,
. como hogar de tu memoria,
. como mesa de tu pan nuestro de cada día,
. como raíz y vínculo de nuestra fraternidad,
. como adelanto cierto de tu último regreso.

¡ Valió la pena!

Y al dejarla en nuestras manos, sin tú abandonarla, demostrastes en verdad ser nuestro amigo. Ella nos conserva vivo tu recuerdo y a través de ella pusiste el perdón de Dios a nuestro alcance y nos hicisteis ver que Dios no espera, como a veces pensamos, que seamos impecables. A Dios le agrada más un pecador que se convierta que 99 justos…Viniste a salvar a los pecadores y entre ellos nos encontramos todos. Y, porque dentro de la Iglesia y como fuente y razón de ser te quedaste sacramentalmente en el Pan de la Eucaristía. Para acompañarnos, para animarnos y sobretodo para alimentarnos. Como signo de servicio, de entrega, de unidad para caminar siempre a nuestro lado.

Cuando recuerdo aquella pregunta que hiciste a tus discípulos: “Y vosotros, quién decís que soy Yo”.  Querría hacer míos las palabras y los sentimientos de muchos de tus seguidores:

- Los primeros cristianos ya descubrieron que tú eras el MESIAS  anunciado que el pueblo de Israel esperaba.
- Descubrieron que eras el HIJO DE DIOS, y aprendieron que el que te veía a Ti, veía al Padre, que el Padre y Tú erais una sola cosa; que la Palabra estaba junto a Dios siempre, y la Palabra era Dios y que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Tú eras la Palabra...

- Apareciste ante todos como MAESTRO de la Verdad y de la vida, que enseñaba la verdadera voluntad de Dios y por lo tanto el camino de salvación...

- Cuando la gente vio tus signos y palabras exclamaron: “Este tiene que ser el PROFETA que debía venir al mundo” (Jn. 6,14). Y la carta a los Hebreos reconoce que “Dios habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras. Ahora llegada la etapa final, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el universo entero” (Hb. 1, 1-2)

- Por tu triunfo sobre la muerte confesaron que tú eres SEÑOR. Y ante  el nombre de Jesús doble la rodilla todo lo que hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesús es  Señor para gloria del Padre. (Fil. 2, 10-11)

Pero... nosotros no podemos pensar en Ti, Nazareno, despegado de tu cruz. Tu cargastes con el peso del mundo. Quisiste compartir el peso de todos los hombres. Ante tu cruz, Jesús, que es la nuestra yo quiero encontrar la fuerza de mi vida y rezar con el salmista:

   Miro tu cruz, Jesús, Redentor mío,
   es dolor y paciencia, es abandono
   y confianza, es la entrega victoriosa,
   aceptación definitiva, el sí
   sin regateos.

   Oigo tu cruz, Señor, Salvador mío,
   oigo palabras nuevas, encendidas,
   escucho el grito y el silencio en sangre,
   hay perdón y regalo, como el cielo,
   sin medida.

   Beso tu cruz, mi Dios, amigo mío,
   beso ya tus heridas y tus llagas
   queme mi vida vieja de pecado,
   y deja en mí tus huellas encendidas.

   Canto tu cruz, Señor y siervo mío,
   canto su fuerza y su victoria limpia,
   vencido fue el dolor con la paciencia
   vencida fue la muerte y el infierno
   por la vida.

   Agradezco tu cruz, Señor, Dios mío,
   en ella me perdonas y liberas,
   me regalas vestidos color púrpura,
   con el sello y la marca del Espíritu
   como arras.

   Besa esta cruz, divino carpintero,
   esa cruz que jamás fabricarías,
   que es tormento, injusticia y villanía,
   con el peso y el dolor del mundo entero.

   Has besado la cruz, el sufrimiento,
   cargastes con la cruz, enorme peso.
   Ya no pesa la cruz, desde tu beso,
   ya el dolor de la cruz es sacramento.

¿Me dejas que te diga lo mucho que te quiero?.

Mi madre me enseñó a quererte y a portarme bien porque así tú lo querías. Me decía que tú sonreías y te alegrabas cuando yo era bueno y hacía el bien. Te rezó muchos años para que yo fuera sacerdote. Me lo dijo el mismo día que me ordenaron. Ató mis manos el día de mi ordenación y mezcló el Santo Crisma con sus lágrimas de emoción y alegría porque iba a representarte a ti, hablando de ti, perdonando en tu nombre, consagrando tu pan y tu vino, dedicando mi vida a cuidar a los pobres.

   Jesús Nazareno:
   La vida sin ti no es nada,
   el mundo es un sinsentido,
   la alegría ya no alegra
   si tu estás en el olvido,
   el sol deja de brillar
   y todo se torna frío.
   El cielo se oscurece
   si tu no estás conmigo.

Como diría S. Pablo: ni la enfermedad, ni la envidia, ni la calumnia, ni la muerte me apartaran de tu lado y de tu amor.

Nos cuenta el evangelio de tu discípulo amado que dos discípulos del Bautista un día te siguieron y tú al darte cuenta que te seguían les preguntaste: - “¿Qué buscáis?”.  Y ellos contestaron: “Maestro, ¿dónde vives?”. Y tú les respondiste: -“Venid y lo veréis” (Jn. 1,37 ss). Hoy, como aquellos discípulos yo quiero seguir tus huellas y caminar en tu búsqueda. Quiero vivir contigo donde tú vivas. Quiero desinstalarme de la mía propia y quedarme a vivir contigo. Contigo en la Iglesia, en los pobres, en la justicia, en la libertad, en la paz, en el amor. Porque únicamente para mí. Jesús, tú tiene palabras de vida eterna.

Puedes preguntarme  a mí, como en la orilla del Lago le preguntaste  tres veces a Pedro: “Pedro, ¿me amas más que éstos? Y yo, como Pedro, intentaré contestarte: “Sí, Señor, tu sabes que te amo”. Para escuchar lo mismo que tú le dijiste a él: “Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos”.

   Me hablaron de ti mis padres
   me hablaron de Ti mis libros,
   de Ti me hablaron los púlpitos
   me hablaron de Tí los rezos
   ¡ Tanto me hablaron de Ti!
   un día me hablaste Tú,
   como Tú sabes hacerlo.
 
 Entonces
   ¡ gusté la diferencia!.
   Tú eres todo y diferente,
   personal y envolvente.
   Señor, Esposo, Hermano.
   no eres un Dios abstracto
   difuso, arcano y lejano.
   eres Jesús de Nazaret:
  
Hombre y Dios, Hijo encarnado
   Alfa y Omega
   sacerdote, profeta y rey.
   no estás escondido y quieto,
   eres esperanza y voz de los sin voz,
   utopía de nueva humanidad,
   fraternidad hecha don y tarea.

   Eres Jesús  mi amigo.
   Gracias por tenerme
   y por permitir que te tenga,
   por saber que contamos  el uno para el otro
   por ser el uno para el otro
   como verdaderamente somos.

   Me has cautivado.
   No sé vivir sin Ti
   ¡ Tanto me has dados! ¡ Y aún busco más!.
   No anhelo sólo tu agua: deseo beber en tu manantial.
   No anhelo sólo tus umbrales
   deseo entrar dentro de Ti.
   No anhelo sólo tus dones: quisiera fundirme
   en abrazo eterno y duradero, en Ti.
   Nazareno compañero y amigo
   Y sobre todo salvador.

   Quiero vivir en Ti y que Tú vivas en mí,
   Mi corazón te desea, te busca y te ama.
   Eres mi hogar, mi recinto, mi cercado
   Eres la sala del banquete, la cuna y el altar.
  
Tú me rodeas y me seduces.
  
Tú eres mi perfume y mi embriaguez.
   Concédeme la gracia de amarte sobre todo, de caminar sabiendo que Tú estás conmigo,
   De anunciar a los hombres que Tú eres
   La paz, la felicidad
   La alegría y el amor.

Termino. Me gustaría darte un abrazo para rubricar mi pregón. No podré dártelo hasta el cielo. Le pido, por eso, a  nuestra Virgen de la Soledad, tu Madre y Madre nuestra, que te dé un beso de mi parte. ¡ Gracias por todo Jesús Nazareno!

© AGRUPACIÓN DE NTRO. PADRE JESÚS NAZARENO - Calle Jara nº 25, CP. 30205 CARTAGENA - correo@elnazarenodecartagena.com